Vuelta a Colombia: Recordando grandes campeones y leyendas
¿Quién soy? Pues según mi pasaporte, soy Héctor Núñez y según lo vivido, soy periodista y marketero.
Hablar de la Vuelta a Colombia es recorrer buena parte de la historia del ciclismo nacional. Desde que Efraín el Zipa Forero se convirtió en su primer campeón en 1951, la carrera ha servido para descubrir figuras, alimentar rivalidades regionales y construir el mito de los escarabajos. Más de siete décadas después, sigue siendo una de las competencias más emblemáticas del deporte colombiano y un escenario en el que la montaña ha marcado buena parte de sus grandes historias.
La edición de 2026 añadió un capítulo completamente diferente. La carrera estaba diseñada con nueve etapas entre el 8 y el 16 de agosto, pero tuvo que darse por terminada anticipadamente tras cinco jornadas debido a la emergencia nacional provocada por el terremoto que afectó al país. Diego Camargo, líder en ese momento, fue declarado campeón. Una circunstancia excepcional cerró así la 76.ª edición de una prueba que nació en 1951 y ha acompañado la evolución del ciclismo colombiano.
Efraín Forero y el nacimiento de una tradición
La primera Vuelta a Colombia comenzó el 5 de enero de 1951. Efraín Forero no fue únicamente su ganador: también había participado previamente en el reconocimiento de algunos de los caminos que ayudarían a construir la carrera. Cuando finalmente se puso en marcha aquella primera edición, el Zipa ganó siete de las diez etapas y se convirtió en una celebridad nacional.
Aquella Vuelta fue mucho más que una competencia deportiva. Las carreteras difíciles, los largos trayectos y las transmisiones radiales ayudaron a convertir el ciclismo en un fenómeno popular. La rivalidad entre corredores de diferentes departamentos fue creciendo y la carrera comenzó a crear una relación muy particular entre la bicicleta, la montaña y la identidad deportiva colombiana.
Ramón Hoyos y la primera gran hegemonía
Muy pronto apareció el primer dominador de la prueba. Ramón Hoyos ganó cinco ediciones: 1953, 1954, 1955, 1956 y 1958, incluyendo una racha de cuatro títulos consecutivos que todavía permanece como una de las grandes marcas de la competencia.
El antioqueño acumuló además 38 triunfos de etapa y protagonizó una de las demostraciones más contundentes de la historia en 1955, cuando ganó doce jornadas de una misma edición. Hoyos convirtió la Vuelta en su territorio durante buena parte de los años cincuenta y ayudó a consolidar la hegemonía antioqueña en el ciclismo nacional.
Cochise y Rafael Antonio Niño elevan el listón
La siguiente gran época tuvo como protagonista a Martín Emilio Cochise Rodríguez. El antioqueño conquistó la general en 1963, 1964, 1966 y 1967, pero su huella va todavía más allá: con 39 victorias, continúa siendo el corredor con más triunfos de etapa en la historia de la Vuelta a Colombia, uno más que Ramón Hoyos.
Después apareció el hombre que establecería el récord absoluto de títulos. Rafael Antonio Niño se impuso en 1970, 1973, 1975, 1977, 1978 y 1980. Seis coronas en apenas once ediciones que lo mantienen en solitario como máximo ganador de la carrera. Su primera victoria llegó además con apenas 20 años y contra los pronósticos. Nadie ha conseguido igualar todavía las seis Vueltas de el Niño de Cucaita.
Lucho Herrera y los escarabajos que conquistaron Europa
Durante los años ochenta, la Vuelta coincidió con el momento en que el ciclismo colombiano empezó a hacerse notar de verdad en las grandes carreras europeas. Luis Alberto Lucho Herrera fue uno de sus máximos símbolos y conquistó cuatro Vueltas a Colombia, en 1984, 1985, 1986 y 1988.
Su trayectoria representa perfectamente el puente entre la competencia nacional y la élite mundial. En 1984 ganó en Alpe d’Huez la primera etapa conseguida por un colombiano en el Tour de Francia y tres años después se coronó campeón de la Vuelta a España. La imagen del escalador colombiano dejó entonces de ser únicamente una realidad local para convertirse en una referencia internacional.
Castelblanco, Sevilla y una historia dominada por colombianos
José Castelblanco se convirtió posteriormente en otro de los grandes especialistas de la carrera. Ganó cuatro veces, en 1997, 1998, 2002 y 2006, entrando en el grupo de corredores con más triunfos en la clasificación general junto a Cochise y Lucho.
El palmarés también demuestra hasta qué punto la Vuelta ha estado dominada por corredores nacionales. Entre las excepciones aparecen el francés José Beyaert, campeón en 1952; el español José Gómez del Moral, en 1957; el venezolano José Rujano, en 2009; y el también español Óscar Sevilla, que encadenó tres títulos consecutivos entre 2013 y 2015. El ecuatoriano Jonathan Caicedo se añadió a esa reducida relación en 2018. Las victorias extranjeras han sido siempre la excepción en una prueba profundamente ligada al ciclismo colombiano.
La montaña, el gran sello de la Vuelta
Los recorridos han cambiado muchísimo desde 1951, pero hay un elemento que atraviesa prácticamente toda la historia de la competencia: la montaña. Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Tolima o el Eje Cafetero han aportado carreteras y puertos capaces de romper cualquier carrera. La dureza de la geografía colombiana convirtió la capacidad para escalar en una de las principales señas de identidad de la Vuelta.
La Vuelta funcionó durante décadas como el escaparate donde se formaron y consagraron grandes generaciones de escarabajos que después llevaron esa reputación al Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España. La montaña no solo ha seleccionado a los campeones, sino que ha contribuido a construir una de las identidades más reconocibles del ciclismo colombiano.

Diego Camargo, campeón de una edición excepcional en 2026
La edición número 76 debía recorrer cuatro departamentos y completar nueve etapas. Sin embargo, únicamente pudieron disputarse cinco. La organización decidió terminar anticipadamente la carrera para no interferir con las labores de emergencia y rescate derivadas del terremoto que afectó al país.
Diego Camargo había asumido el liderato precisamente en la quinta jornada, después de imponerse en solitario en la etapa reina de 164,7 kilómetros con llegada al Alto Rafael Niño-El Sifón. El boyacense fue finalmente declarado campeón, acompañado en el podio por Javier Jamaica y Edgar Andrés Pinzón. El Team Medellín-EPM ganó además las cinco etapas que llegaron a disputarse: cuatro con Wilmar Paredes y la decisiva con Camargo.
La circunstancia que cerró la carrera fue extraordinaria, pero el nombre del ganador se incorpora a una historia iniciada por Efraín Forero hace 75 años. De Hoyos a Cochise, de Rafael Antonio Niño a Lucho Herrera y de Castelblanco a Camargo, la Vuelta a Colombia continúa siendo una de las grandes vitrinas de la tradición ciclista del país y un relato inseparable de sus montañas, sus regiones y sus campeones.
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