Colombia en los Mundiales: ilusiones, caídas y asesinatos

trayectoria de Colombia en los mundiales
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Carlos Andrés Sierra

Comunicador y periodista con gran pasión por los deportes y el análisis de la realidad nacional e internacional.

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En Colombia, el fútbol no es un deporte. Es un idioma. Es la forma en que este país tan diverso, tan complejo, tan lleno de contrastes, encuentra una sola voz. Cuando suena el himno y los once de la Tricolor salen al campo, no importa si usted es rolo, costeño, paisa o caleño. No importa si está viendo el partido en una pantalla gigante en el Parque de los Pies Descalzos de Medellín, en una tienda del barrio en Cali, o en un apartamento bogotano con el tinto ya servido y el aguardiente esperando el primer gol. Es un ritual compartido, una especie de tregua nacional donde todo se detiene por noventa minutos.

Colombia para. Y sufre. Y goza. Y llora. Porque esta selección le ha dado al país motivos para todo eso y más. Seis Mundiales disputados. Una historia que empieza en Chile 1962, pasa por las noches mágicas de Italia 90 y Francia 98… y se eleva hasta la cumbre de Brasil 2014. Porque mire: este país sabe lo que es sufrir. Pero también sabe celebrar como nadie en el mundo. Y en esas celebraciones se le olvida, aunque sea por un rato, todo lo demás.

Los primeros pasos y el despertar con el Pibe

Colombia llegó a su primer Mundial en Chile 1962 sin complejos, empató 4-4 con la Unión Soviética en un debut de locos, y después desapareció durante 28 años. Sí, veintiocho años sin Mundiales. Suficiente para que toda una generación creciera sin ver a su selección en una Copa del Mundo. Un vacío largo, pesado, que parecía no tener fin.

Pero ese silencio estaba gestando algo. Y en Italia 1990 explotó todo.

El 19 de junio de ese año, en San Siro, Colombia le empató 1-1 a Alemania, que semanas después sería campeona del mundo. ¡Qué berraquera de partido, señores! Carlos “El Pibe” Valderrama, el hombre del pelo enrizado que veía el fútbol como nadie, se convirtió en el símbolo de una generación. A su lado, Freddy Rincón, René Higuita con su arco bajo el brazo y esa personalidad que no le cabía en el cuerpo. Un equipo que jugaba sin miedo, con identidad, con carácter.

Colombia clasificó a octavos, cayó ante Camerún en prórroga, y el mensaje quedó enviado: la Tricolor podía competir con los mejores del mundo.

1994: la ilusión, la tragedia y la herida que nunca cierra

Hay capítulos que duelen demasiado. El de Estados Unidos 1994 es uno de ellos, y hay que contarlo con respeto porque va mucho más allá del fútbol. Porque ahí el fútbol dejó de ser juego.

Colombia llegaba como favorita. Venía de golearle 5-0 a Argentina en las Eliminatorias. El mundo entero hablaba de la Tricolor como potencia. Pero el torneo fue una pesadilla: dos derrotas, eliminación temprana y el regreso a casa con el alma rota. Nada salió como se esperaba.

Y entonces pasó lo peor. El 2 de julio de 1994, Andrés Escobar fue asesinado en Medellín. El defensa que había marcado un autogol contra Estados Unidos pagó con su vida una derrota en un partido de fútbol. Una tragedia que dejó una herida en la memoria colectiva colombiana que todavía no termina de sanar. Andrés Escobar fue mucho más que un futbolista. Fue un símbolo de lo que este país quería ser. El fútbol colombiano guardó luto. Y lo sigue guardando, en silencio, cada vez que se recuerda ese torneo.

Brasil 2014: la cumbre. El mejor capítulo de la historia

Si hay un torneo que define lo que Colombia puede ser cuando todo funciona, ese es Brasil 2014. El Mundial más brillante de la Tricolor. La campaña que el país no olvida y que los colombianos van a contarles a los hijos y los nietos con los ojos brillando. Un equipo que conectó con la gente desde el primer partido.

Con Pékerman en el banco, Colombia deslumbró al mundo entero con un fútbol alegre, vertical y goleador. Y en el centro de todo estaba James Rodríguez con 6 goles, Botín de Oro del torneo, y ese golazo de volea contra Uruguay, controlando el balón en el pecho y rematando de zurda antes de que tocara el suelo, que fue elegido el mejor gol del Mundial. Un momento que quedó grabado para siempre.

Colombia llegó a cuartos por primera vez. Cayó ante Brasil en un partido manchado por las duras faltas sobre James, pero dejó a un país entero orgulloso. Brasil 2014 es el techo. Y la motivación para seguir construyendo.

El tropiezo y el regreso

En Rusia 2018 llegaron a octavos, cayeron ante Inglaterra en penales, y una generación que merecía más no pudo cerrar su historia mundialista como se lo merecía. Se fueron con la sensación de que faltó muy poco.

Después vino lo que nunca debió pasar: la ausencia de Qatar 2022. Colombia no clasificó. El golpe más duro en décadas. Pero ese golpe tenía una lección adentro. Y esta selección la aprendió. Sirvió para replantear muchas cosas.

Cuando Néstor Lorenzo tomó las riendas, le devolvió al equipo una idea de juego clara y la convicción de que la Tricolor podía volver a ser protagonista. Colombia jugó la final de la Copa América 2024, apareció Luis Díaz (campeón de la Bundesliga con el Bayern) y la clasificación al Mundial 2026 llegó con autoridad. Colombia demostró que lo de Qatar fue un tropiezo, no una tendencia. Y que, cuando se trata de fútbol, este país siempre encuentra la manera de volver a creer.

participación de Colombia en los mundiales FIFA

Colombia y los Mundiales: una historia de resistencia y pasión

Colombia construyó su historia mundialista entre la emoción, el talento y capítulos profundamente dolorosos. Desde el liderazgo de Carlos Valderrama hasta la explosión internacional de James Rodríguez, la Tricolor dejó partidos y generaciones que siguen vivos en la memoria del fútbol. También enfrentó tragedias que marcaron para siempre al país, como el asesinato de Andrés Escobar en 1994. Pero incluso después de las caídas, Colombia siempre encontró la manera de volver a competir, ilusionar y recordarle al mundo que su relación con el fútbol va mucho más allá de un simple deporte.

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