¿Será Arbeloa quien recupere el ADN Real Madrid?
Periodista deportiva caleña y runner amateur. Transformo mi amor por el deporte contando historias.
No es un misterio para nadie que en los dos últimos años el Real Madrid ha ido perdiendo ese ADN propio del mejor club del mundo. Ese ADN que con solo su presencia en la cancha ya era ganador, ese al que los rivales alrededor del planeta le tenían miedo, porque no importaba si jugaban mejor, aun así sentían que iban a perder. Creo que al Madrid su hinchada nunca le ha pedido una forma particular de jugar ni tampoco qué tan bonito lo hace; lo único en lo que históricamente se ha enfocado es en ganar, y eso es lo que exigen. Y sí que han tenido éxito: rey de la Champions, rey en España y el que expandió su dominio al mundo entero. Pero la última vez que se vio a ese conjunto merengue fue en junio de 2024, cuando alzaron la última Champions con Carlo Ancelotti. Pareciera no ser mucho tiempo, pero para un club como el de Valdebebas y su afición, es una eternidad.
La salida de Xabi Alonso y el nuevo rumbo del club
A mitad de temporada finalmente se va Xabi Alonso de la dirección técnica, y digo “finalmente” porque se veía venir. Hombre icónico en la historia del Madrid, formado, estudioso y exitoso también como entrenador, porque lo que hizo con el Bayer Leverkusen fue histórico y prueba de las grandes cualidades que tiene dirigiendo un club, y uno muy lejos de contar con el talento y la brillantez de los merengues. La medida para la continuidad de un técnico en el Madrid son los resultados (que se resumen en títulos) y a Alonso nunca lo acompañaron: media temporada, cero títulos, es equivalente a salida inminente. Pero lo mismo sucedió incluso con uno de los mejores técnicos del mundo, Carlo Ancelotti, que además ganó varios títulos, pero que en el momento en el que dejó de producirlos, vio también su salida.
Qué propone Arbeloa: ritmo, duelos y transiciones
Ahora, ¿qué necesita este Real Madrid para retomar su rumbo? ¿Será Álvaro Arbeloa quien rescate eso que siempre lo ha hecho poderoso? Futbolísticamente nadie tiene dudas de los monstruos que hacen parte de la plantilla, pero sí necesitan quien desenrede el porqué no están funcionando como equipo. El nombramiento de Arbeloa no sé si cause sorpresa; podría ser que cause más un poco de escepticismo respecto a si es lo que necesita el equipo, pero como toda apuesta, necesita hacerse para saberlo. Una voz reconocida y respetada en el fútbol mundial como la de Figo, además exmadridista, se refirió precisamente a la llegada del DT del Castilla: “Arbeloa es una apuesta de la directiva y hay que apoyarlo. La prioridad es volver a la normalidad. En todo”. Así que, con la apuesta hecha, revisemos las fortalezas del actual timonel merengue.
No es un entrenador del control tipo Guardiola o Xabi Alonso. Es más de dominar por ritmo y por duelos que por dominar por posesión. Esto hace mucho más sentido con los jugadores que tiene. Hay que recordar que tras la salida de Toni Kroos, el Madrid no trajo a nadie para ocupar la posición del “maestro de orquesta”, de aquel que maneja los tiempos y los ritmos con el balón. Hoy no existe, así que no es algo que se le dé al equipo. Arbeloa le apuesta mucho al juego por dentro y a la finalización rápida, para lo cual tiene sin duda a los mejores: Bellingham, Mbappé y Vinicius Jr.
Es un entrenador que le apuesta más a un juego de presión alta, que su equipo sea uno más compacto y corto, es decir, que sus líneas estén muy juntas. Presionar el campo rival, recuperar el balón y hacer transiciones rápidas es su esencia, o eso se le ha visto en las divisiones inferiores del conjunto madridista.
Arbeloa se caracteriza por ser un tipo muy competitivo y responsable; así mismo lo expresó en rueda de prensa luego de la penosa derrota frente al Albacete: “Todo lo que ocurre dentro del campo es mi responsabilidad”. Pero también parece entender y sentir muy bien la crisis en la que se encuentra el equipo, y así mismo pidió ayuda: “Yo respeto mucho la opinión del Bernabéu. Entiendo que el madridista esté dolido y decepcionado con nosotros, pero yo les voy a pedir apoyo”.
El reto real: vestidor, presión y resultados inmediatos
¿A qué se medirá ahora? Al reto de gestionar uno de los camerinos más complejos del mundo, uno que está plagado de talento y de súper estrellas, pero también de egos de élite y de un nivel de exposición bestial. Cada uno de sus movimientos será seguido milimétricamente bajo una lupa por sus mismos jugadores, por la dirigencia, por la prensa, por la afición e incluso por sus detractores. Se enfrentará a una presión brutal, con la necesidad de empezar a dar resultados inmediatos.
El precedente Zidane: una comparación inevitable
Florentino Pérez volvió a apostar por un proceso parecido al que hizo con Zinedine Zidane en su momento: de entrenador del Castilla a la plantilla principal. Ese experimento funcionó muy bien. El Madrid logró tres Champions (2015/2016, 2016/2017 y 2017/2018), algo que ningún entrenador había conseguido, y 11 títulos en total entre Ligas y Mundiales de Clubes. Pero el gran éxito de Zidane radicó en saber gestionar su plantilla con liderazgo y jerarquía, una que incluía un ego como el de Cristiano Ronaldo. No sé si el hecho de haber sido también una estrella de ese talante en su momento, siendo parte de los “Galácticos” y habiendo compartido con Raúl, Figo, Roberto Carlos, Ronaldo Nazario, solo por nombrar algunos, le dio una comprensión absoluta de cómo tener tantas estrellas juntas y funcionar de tal manera que el equipo fuera la estrella más grande.
Lo que viene: identidad, confianza y continuidad
Aún no sabemos si Álvaro Arbeloa tendrá la misma suerte o los mismos resultados, habiendo sido también un jugador con mucha historia en la casa blanca (porque esa historia también la tiene Xabi Alonso). Pero sus declaraciones se sienten sinceras y realistas: “Yo quiero un equipo con mucho carácter, personalidad y que transmita pasión, ilusión, ambición y que el público del Bernabéu se sienta reflejado con sus jugadores”. Y este ya es un comienzo que invita a la afición blanca a volver a creer —tampoco hay de otra—. Ya lo demás, el tiempo lo dirá.